Mejor que mis amigos tenistas no escuchen mi música

“He hecho muchos amigos aquí que nunca han escuchado mis obras, pero con quienes juego al tenis. ¿Qué van a pensar de mí cuando escuchen mis horribles disonancias?”
Fue la respuesta de Arnold Schoenberg cuando Anton Webern le propuso presentar sus obras en Barcelona en 1933, ciudad en la que Schoenberg había estado viviendo durante casi un año.

Shostakovich, ¿prohibido?

Dimitri Dimitrievich no se estaba sintiendo muy bien. Me senté a hablar con él cuando sonó el teléfono Dimitri Dimitrievich atendió. Un segundo después, dijo con angustia: “Stalin está a punto de hablar conmigo”. Yo mantuve congelado mi posición en el sofá. Durante los siguientes momentos, naturalmente, todo lo que oí fueron las respuestas de Dimitri Dimitrievich, pero de ellas pude deducir claramente la naturaleza de la charla. Stalin fue preguntando a Shostakovich acerca de su salud, Dimitri Dimitrievich respondió: “Gracias, todo está bien, sólo estoy sufriendo un poco de un dolor de estómago”. Stalin le preguntó si necesitaba un médico o algún medicamento, “no, no, gracias, no necesito nada, tengo todo lo que necesito” Luego hubo una pausa larga mientras que Stalin habló. Se reveló que Stalin pedía a Shostakovich que viajara a los Estados Unidos por el Congreso de la Paz y la Cultura. “Por supuesto que lo haré, si es realmente necesario, pero estoy en una posición bastante difícil: por allí casi todas mis sinfonías se tocan, mientras que aquí están prohibidas, como deberé de comportarme en esta situación” Y luego, como se ha contado muchas veces, Stalin dijo en su fuerte acento georgiano “¿a qué te refieres con prohibidas? ¿prohibidas por quién?” “Por la Comisión Estatal de Repertorio” respondió Dimitri Dimitrievich. Stalin aseguró a Shostakovich que esto era un error, que sería corregido, y que ninguna de las obras Dimitri Dimitrievich’s había sido prohibida, que podían presentarse libremente.
Testimonio de Yuri Levitan, de visita en la casa de Dimitri Shostakovich (Febrero de 1949)

La libertad individual y la responsabilidad social

El tenor Michael Kelly (1762-1826) nos cuenta: “(Steven) Storace ofreció una fiesta de cuartetos para sus amigos. Los músicos eran tolerables, ninguno de ellos era excelente en el instrumento que tocaba, pero había algo de conocimiento musical entre ellos, que me atrevo a decir, será reconocido cuando los nombre: Primer Violín: Haydn, Segundo Violín: Barón Dittersdorf, Violonchelo: Vanhal, Viola: Mozart. Estuve allí y una mayor recompensa, o una más destacado, no puede ser imaginada.”
Joseph Haydn estaba orgulloso de sus Cuartetos de Cuerda Opus 33 (1781) que iniciaban lo que llamó “un estilo completamente nuevo y especial”.
El musicólogo John Irving dice que los Cuartetos Opus 33 son “una metáfora del ideal de la ilustración contemporánea, tal como lo expresó Jean-Jacques Rousseau en su Contrato Social de 1762, haciendo convivir a la libertad individual con la responsabilidad y el reconocimiento social.”

Los procesos musicales

No me refiero al proceso de composición, si no a piezas musicales que son, literalmente, procesos. Lo distintivo de los procesos musicales es que determinan simultáneamente todos los detalles nota-a-nota (sonido-a-sonido) y la forma (piensa en una ronda o un canon infinito). Estoy interesado en los procesos perceptibles. Quiero ser capaz de escuchar el proceso ocurriendo a través de la música que suena. Para facilitar la escucha del detalle preciso el proceso musical debe ocurrir extremadamente gradual. Interpretar y escuchar un proceso musical gradual se parece a:

  • tirar de una hamaca, soltarla, y observar cómo gradualmente vuelve a quedar en reposo.
  • dar vuelta un reloj de arena y observar la arena correr lentamente hasta el fondo.
  • pararte en la orilla del mar y observar, sentir y escuchar a las olas gradualmente hundir tus pies en la arena.

A pesar de haber tenido el placer de haber descubierto procesos musicales y de componer el material musical que corre a través de ellos, una vez que el proceso está determinado y cargado, corre por sí solo.
Music as a Gradual Process – Steve Reich – 1968

Un poco de música para piano

Una mañana, un pequeño y aseado caballero entró en su tienda [la de Howell] y pidió que quería ver un poco de música para piano. Howell le puso delante algunas sonatas de Haydn recientemente publicadas: “No, no me gusta esto” Howell respondió: “¿Ve que son de Haydn, sir?” “Bueno, sir, lo veo, pero me gustaría algo mejor”. “¡¿Mejor?!”, exclamó indignado Howell: “Yo no estoy ansioso de servir a un caballero con sus gustos”, y se alejaba cuando el cliente hizo saber que él mismo era Haydn. Howell, con asombro, lo abrazó. El compositor se sintió tan halagado por la situación que una larga e íntima amistad siguió.
Narración de William Gardiner. No hay fecha de esta anécdota, pudo haber sucedido durante cualquiera de las dos residencias de Haydn a Londres.
Haydn: A Creative Life in Music, Karl Geiringer