¿Qué hace un Director de Orquesta?

Muchas veces me preguntan acerca de la importancia de un director de orquesta. La respuesta es muy amplia, pero siempre termino diciendo: busque en youtube versiones de la quinta sinfonía de Beethoven y escuchen las primeras 8 notas. Son sólo 8 notas y un silencio, sin embargo, las diferencias entre las interpretaciones son notables.

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Les dejo un video compilatorio. Prestar atención a la velocidad, las duraciones y los acentos.

Directores:

  • Arturo Toscanini
  • Berbard Haitink
  • Carlos Kleiber
  • Christian Thielemann
  • Chung Myung-Whun
  • Claudio Abbado
  • Daniel Barenboim
  • Donald Runnicles
  • Gustavo Dudamel
  • Herbert von Karajan
  • Leonard Bernstein
  • Sir Colin Davis
  • Sir Georg Solti

The Planets – Gustav Holst – Podcast: El Arte de Escuchar – Ep.011

Vamos a hablar de Los Planetas, de Gustav Holst, una de las piezas favoritas del público en general, pero que la crítica detesta.

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Gustav Holst (1874-1934) – The Planets (1918)
Gustavus Theodore von Holst nació en Cheltenham, cerca de Gales. Estudió en el Royal College of Music de Londres.
Quiso ser concertista de piano, pero tuvo una infección en su brazo derecho. Estudió composición con un tal Standford, que dijo de Holst que era muy trabajador, pero para nada brillante.
Trabajó en St Paul’s Girls’ School al oeste de Londres, pionera en educación musical para mujeres, desde 1905 hasta su muerte, en 1934. También tocaba el trombón profesionalmente. Era un compositor de fin de semana, y de períodos de vacaciones.
Su hija: Imogen Holst (1907-1984) es su Gustav Holst
GUstav Holst no creía que Los Planetas fuera su mejor obra.

Los Planetas (1918), suite en 7 movimientos:

  1. Marte, el portador de la guerra.
  2. Venus, el portador de la paz.
  3. Mercurio, el mensajero alado.
  4. Júpiter, el portador de la alegría.
  5. Saturno, el portador de la vejez.
  6. Urano, el mago.
  7. Neptuno, el místico.

 

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El lugar más tranquilo del mundo, Orfield Laboratories

Para quienes quieren saber más acerca del lugar en el que el sonido se desarrolla: las cámaras anecoicas, esos lugares en los que el sonido no rebota.

MINNEAPOLIS, MINNESOTA
El silencio enloquecedor de este laboratorio es bueno para los negocios, pero malo para la cordura.
Orfield Laboratories, en el sur de Minneapolis, es el hogar de “el lugar más tranquilo en la tierra”, según consta en el Libro Guinness de los Récords. (También resulta compartir el mismo edificio que el estudio de grabación en el que se registraron “Funkytown” y “Blood on the Tracks” de Bob Dylan.) El laboratorio es llamado una cámara anecoica, lo que significa que no hay eco ya que la sala absorbe el 99,99% de sonido. Es utilizado por varios fabricantes para probar el volumen de sus productos y la calidad del sonido – también puede volver loca a una persona.
Al fundador y presidente Steven Orfield le gusta desafiar a los visitantes a sentarse solos en la cámara, en la oscuridad. Un periodista permaneció por 45 minutos, y la mayoría de las personas la abandonan tras la mitad de ese tiempo, torturados por los sonidos misteriosos de su propio cuerpo. “En la cámara anecoica, vos te convertís en el sonido”, dice el Sr. Orfield. En ausencia de ruido exterior, los oídos se adaptan a la presencia de un silencio enloquecedor. A medida que los oídos se adaptan al silencio, los sonidos de los latidos del corazón, del estómago y de los pulmones son la única referencia, y puede ser una experiencia muy desorientadora.
El Sr. Orfield explica que la única manera de permanecer en la sala durante un período prolongado de tiempo es sentarse. El sentido de la orientación de una persona está dada en gran parte por los sonidos producidos al caminar o al estar de pie; y como esas señales sonoras no están presentes, la percepción se vuelve sesgada, y el equilibrio y el movimiento se convierte en una tarea casi imposible.
Una típica habitación tranquila por la noche está por sobre unos 30 decibeles de sonido; la cámara está en unos -9 decibeles. Está hecha de fibra de vidrio de 3,3 pies de gruesas, unas trampas acústicas, dobles paredes de acero con aislamiento de hormigón de un pie de espesor.
Los fabricantes utilizan el laboratorio para pruebas y desarrollo de productos. Empresas como Harley Davidson utilizan el laboratorio para crear motos menos ruidosas que todavía suenen como una Harley, por ejemplo. Otros productos como pantallas LED se ponen a prueba para asegurarse de que su sonido no sea demasiado alto. La NASA, de hecho, utiliza un laboratorio similar para probar a sus astronautas, dado que el espacio es como una cámara anecoica gigante, explica el Sr. Orfield.

Nota original en: http://www.atlasobscura.com/places/worlds-quietest-place

Concierto para Piano en sol mayor – Ravel – Podcast: El Arte de Escuchar – Ep.009

Charlamos acerca de Maurice Ravel y de su Concierto para Piano en sol mayor . Podés suscribirte en iTunes para que se descarguen las actualizaciones en tu celular. También podés encontrarnos en ivoox y en stitcher. El podcast es producido por Frenzyl y realizado por Fernando Ynoub e Ignacio Manzo.

Concierto para Piano en sol mayor (1932) – Maurice Ravel (1875-1937)

Vamos a empezar tratando de descubrir qué hay de interesante para escuchar en la Concierto Para Piano en Sol de Maurice Ravel (1875-1937). Si es cierto que el Concierto en Sol es un ejemplo del impresionismo musical, se trata de un impresionismo tardío, porque fue compuesto entre 1929 y 1931, cuando las vanguardias ya miraban hacia otros horizonte. Sea como fuera, este Concierto tiene ocultas algunas sorpresas.

1er movimiento – Allegramente
En cuanto empieza el concierto escuchamos un latigazo. Tal vez sea Ravel llamando la atención de la audiencia: apaguen los celulares, el concierto está empezando; o tal vez sea el castigo para quienes han desperdiciado sus oídos con esas horribles músicas ambientales que suelen recomendar en publicaciones como esta.

Inmediatamente después tenemos una melodía del pícolo sobre unos arpegios (las sucesivas notas del acorde) en el piano, algunos violines y algo de percusión metiéndonos en la atmósfera que nos propone el concierto. Pero no es tan simple, estamos en el estreno del concierto en 1932 y necesitamos algo que despierte nuestro interés. Bueno, mientras la mano derecha del pianista y la mitad de los violines están tocando el arpegio del acorde de sol (la tonalidad anunciada en el nombre del concierto) la mano izquierda del pianista y la otra mitad de los violines están un semitono más abajo, en fa sostenido. Es como si la melodía sobresaliera de una imagen fuera de foco (nótese que este fenómeno se da en las notas agudas; si Ravel hubiera intentado esto con notas más graves, el resultado hubiera sido otro).

Esa melodía y la orquesta crecen en intensidad y cuando creemos que el concierto está arrancando con toda la fuerza, la música baja en intensidad y queda el piano solo, haciendo unos jueguitos algo jazzeros. Responden los vientos, primero con 2 frases, después con 3 frases.

La acción va disminuyendo cada vez más hasta casi detenerse. Aparece una nueva melodía en el piano, pero es como si le costara nacer, con irregularidades en el tiempo. La melodía se completa con la orquesta y antes de desvanecerse, el piano vuelve a ganar velocidad. Rápido esta vez, es una variación de la melodía que habíamos escuchado 2 minutos antes en el principio del concierto.

El piano va creciendo, generando cada vez mayor tensión, y de nuevo, cuando nuestra expectativa es grande, Ravel nos lleva al principio, pero sin el látigo esta vez. Ahora aquel pasaje de piano solo con sonido jazzero es mucho más suave, con pequeñas arpas y campanillas. Esa paz a la que hemos llegado se interrumpe por algo que parece un fuerte silbato (acompañado por la orquesta) y nos hace pensar que Ravel debe haber compuesto alguna parte de este concierto mientras viajaba en tren. Entonces la melodía vuelve al piano, a la mano izquierda, mientras la mano derecha hace trinos (un juego entre dos notas que va cambiando de altura) y es como si ahora estuviéramos en un circo y un payaso estuviera tocando un serrucho (quien haya escuchado algo así alguna vez notarán el parecido).

La melodía ahora es más grande, llevada por la orquesta y acompañada por el piano. Entonces la orquesta se hace a un lado y el piano comienza la carrera hacia el final de la obra. La orquesta vuelve a aparecer y terminan todos juntos con una gran variación de lo que habíamos escuchado al principio del movimiento.

2do movimiento – Adagio
Después de una carrera tan vertiginosa, necesitamos un descanso, algo tranquilo. El piano solo hace una hermosa y larga melodía. Es interesante notar cómo mientras la mano izquierda acentúa 1 cada 3 tiempos, la mano derecha acentúa cada 2 tiempos. Esta diferencia nos sorprende con algunos acentos allí donde no los esperábamos o la ausencia de acentos allí donde sí los esperábamos. La melodía pasa a la flauta, después al corno inglés y crece; aparecen las cuerdas y otros vientos. Cuando la flauta termina su frase y la melodía vuelve al piano, la música se oscurece. La orquesta crece mientras el piano derrama unas hermosas notas rápidas que nos llevan al oscuro climax del movimiento. Desde los ecos del climax, el goteo del piano y las cuerdas seguimos la melodía del corno inglés que nos lleva hacia la larga cadencia y el prolongado (casi demorado) final.

3er movimiento – Presto
El último movimiento arranca de manera parecida al primero, con un llamado de atención que Ravel repetirá 6 veces (con variantes) para delimitar secciones. Sigue una especie de carrera alocada del piano a la que se le superponen varios vientos que aparecen sucesivamente. Esos vientos hacen una melodía que arranca con una nota grave que se estira hacia el agudo, al estilo del clarinete de la Rhapsody in Blue de Gershwin (1924) pero sin lograr alcanzar la nota correcta. Gershwin, ya consagrado, había estudiado con Ravel y este tal vez sea el homenaje del maestro al alumno, ¿o tal vez la burla?

Después del quinto llamado (que aparece antes de los 2 minutos) parece que llegamos a un prematuro y breve cielo y sigue un pequeño pasaje oscuro. Luego hay una larga carrea donde las melodías de los diferentes instrumentos aparecen en lo que podrían ser las notas equivocadas, fuera de escala (¿Ravel sigue burlándose de alguien o de sí mismo?). De a poco, pero siempre a gran velocidad, las cosas se van acomodando y súbitamente llega el final.

El final es una pequeña genialidad de Ravel: si en el segundo movimiento el final fue demorado, en este último movimiento el final es prematuro. Comparando los tres movimientos, el tercero dura cerca de la mitad de tiempo que cualquiera de los otros dos. El final es la repetición del llamado de atención con el que comienza el movimiento; es como si Ravel insinuara que va a venir una repetición con variaciones, algo bastante previsible dadas las proporciones de los tres movimientos. Pero no, la cosa termina así, y uno se queda con las ganas de escuchar algo más. El acto reflejo ante esta necesidad insatisfecha es ponerse de pie sobre la butaca, aplaudir y gritar “¡Bravo Maestro!”

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